sábado, 16 de enero de 2016

De EL GATO SOBRE EL ÁRBOL

      Un antiguo regalo de BEATO



      Sobre un dibujo de Beato


      La mujer o la calma
      en lava dividida.

      Nada más terrenal
      que el mar de esta mujer:
      La marea en su pelo
      y la mirada larga,
      como la de esas islas
      intactas, fecundadas
      con inmortal esperma.

      Nada más indudable
      que esta mujer desnuda.
      Cósmico movimiento
      su culo insinuado.
      Ademán de sentarse,
      se yergue, se descubre
      y un planeta le asciende
      de los pies hasta el pubis.

      (Esa ciega querencia
      que los planetas tienen
      de estrellarse en los soles)

      Nada más desafiante
      que esta mujer de hogueras.
      Dos brujas escondidas
      invocan en sus  muslos.
      Tal vez un libro abierto
      sus pechos orbitales.
      -Ay,
      si el poeta supiera
      describir esos pechos,
      tomando sus pezones
      de tinta tibia y dulce
      por repetir un acto
      de soledad, de incendio.

      No aguarda, no se pierde,
      provoca con su gesto:
      Casi un paso de danza
      o bélica señal.

      Se sienta, se levanta
      abarcándolo todo
      con sus brazos de tierra,
      y todo lo posee,
      y todo lo libera.

      ¿Qué aguarda esta mujer?
      Desconoce el acecho
      mostrando, descuidada,
      las mil constelaciones
      de su vientre marino.

      Tan sólo la verdad
      en la mujer desnuda.
      Y sólamente un hombre
      con oculta  apariencia.

      Secreta dualidad
      latiendo, conjugándose...
      Las islas interiores
      de los cuerpos.

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