jueves, 15 de junio de 2017

De EL CRETENSE





      Visitación     (Para M.M.)

      Hay un momento sostenido
      donde todo –la crueldad,
      la burla, el dolor-se pliega
      azul
      y aunque pesado porque lágrimas
      y lagrimas adensan,

      azul se mueve  en la visita,
      tornasolado por la luz.

      Es un momento
      para escribir cartas
      de despedidas que parezcan
      abrazos,
      reconocimientos,
      para decir que te he querido
      como quien pronuncia un saludo
      según pasa y va
      a su circunstancia.

      Azul aplazando
      una tormenta previsible,
      disfrutando
      del brazo al acercarse
      a la sonrisa que recibe.

      Ese momento
      que precede a la indiferencia
      de punzones,
      que no detiene nada.
      Sólo está,
      sólo se escapa de la sombra.


domingo, 4 de junio de 2017

De SI ELLA NOS MIRA,

Este viejo poema está dedicado a Ho Xuan Huong
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LA MUJER LLAMADA PERFUME DE PRIMAVERA


Hija de Ho Phi Dien, amasa pastelillos diminutos que bailan  en almíbar,

La sombra de los montes anamitas disemina su siembra sobre el azogue de los arrozales.

Ella confraterniza con los astros danzantes en el agua, y pronuncia en voz baja dos sortijas posadas en el fondo de la masa de harina que tapiza el azúcar; se chupa  los pulgares, se detiene un instante ensimismada delante de sí misma.

Vemos cómo descorre las cortinas, cómo no mira atrás cuando sitúa ramos de flores blancas en las mesas, tinteros, los pinceles para caligrafías de borrachos que sujetan su pulso con más vino e improvisan epigramas obscenos.

Ahora sólo escucha el chapoteo de una rana en su charco, quizá un ave que pesca y se sumerge detrás del estertor de un campesino que se ha dejado el tiempo en este cieno  de ávidas raíces.

Y escribe para nadie:

cansadas las rodillas, siguen igual de vivos los deseos”.

lunes, 1 de mayo de 2017

De IDOLATRÍAS

      De Durero


      ESA MELANCOLÍA DE LA MEDIOCRIDAD


      Creyendo que los muertos,
      más tarde del legado,
      contarían
      su memoria...

      Pero la muerte
      es un recién nacido.

      Y afilando las plumas
      o mezclando las máscaras,
      seduciendo
      y una necesidad
      de conocer museos
      diferentes...

      Más tarde del legado,
      olvidando la pérdida
      de un idioma:
      nos hablan
      las santas mendicantes,
      el manto adamascado
      que embalsama la huella
      del conde de Castilla;
      nos hablan
      los relieves paganos
      de las cartujas,
      la lúbrica inicial
      de los beatos...

      No quiero que te sientas
      tan apesadumbrado,
      amor.

      Amo tu inmediatez
      de niño presumido,
      tu consistencia frágil...

      Si  todo se perdió
      no olvides la osadía
      tan propia de los sueños,
      no olvides a ese gato
      que sonríe en el bosque,
      no me olvides,
      amor,
      cuando vaya a nacer
      de entre los muertos...


jueves, 13 de abril de 2017




Leonor de Aquitania escucha Can vei la lauzeta mover  de Bernart de Ventadorn

La alondra elige el fruto de la zarza para afirmar que nada era regalo salvo su pecho abierto a las espinas. No oyó las prohibiciones de los álamos, avisos de resina hacia su olfato, sangre inminente oculta por las moras como una antigua miel que aguarda un cuerpo.

                                                     
      Dile a mi amado
      lo que le cuenta el aire
      entre su pelo,
      lo que le cuenta el aire
      cuando se agita
      en las cortinas
      que hay en su alcoba,
      lo que cuenta el aire
      aunque hablen zorros,
      lo que le cuenta el aire
      que yo respiro.

La alondra elige el fruto de la zarza no sólo apeteciendo, enajenándose, pues estaba despierta al vuelo firme de quien escoge herirse mientras deja frutos de tallo terso pero muertos. Y cuanto más se embriaga del morado zumo que se destila en su garganta, más se adentra la alondra, más empuja la rama que le clava su arma dentro.


      Dile a mi amado 
      lo que le cuenta el aire 
      que se ata al árbol 
      que hay en su patio, 
      lo que le cuenta el aire 
      que está a su espalda, 
      lo que le cuenta el aire 
      aunque haya un pozo 
      sobre su cama, 
      lo que le cuenta el aire 
      que yo respiro.


La alondra elige el fruto de la zarza porque ya fue elegida por el fuego. Desvela que su vida no es la vida sino el ir desangrándose si vive y, elegida sin celo y capturada, su voluntad decide que se entrega al fuego que la busca y que la abraza a la vez que ella come y que se abraza al fuego que la hiere y la consume.

      Dile a mi amado 
      lo que le cuenta el aire 
      de las semillas, 
      lo que le cuenta el aire 
      aunque hoy le llueva 
      bajo los ojos, 
      lo que le cuenta el aire 
      que besa el beso 
      que hay en su boca, 
      lo que le cuenta 
      el aire que yo respiro.

sábado, 1 de abril de 2017

Para Virginia Woolf...


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... esa permanencia en lo que escribes.
















      Dos poemas de dos libros, Mueren los dioses y Si ella nos mira, con 28 años de diferencia)


      28 de marzo de 1941

      ¿Qué tendría el río Ouse?

      ¿Qué descanso murmuraba
      en tu oído atormentado?

      Flotaban en tus pestañas
      cuerpos apagados de soldados jóvenes,
      talismanes de niños perdidos en la guerra,
      papelillos de novias
      con rastros de palabras.

      ¿Qué traía el río Ouse
      remontándose en su curso?

      Desbordaban tus bolsillos
      antiguas piedras de muerte,
      y tu vestido diluía su miedo,
      un instante, en el agua.

      Bajaban por las praderas
      los jinetes de Arturo
      pero el sabor de animales submarinos
      rozaba tus labios
      habitados de marismas...

      Orlando observaba sobre el hielo
      cómo peinaba tu pelo la corriente.

      Mientras que amortajaban Londres desde el aire
      te sumergías en la nada
      de tránsito constante
      huyendo de aquel desorden.

      Y la magia indecible del sol,
      cuando la infancia,
      ya sólo fue sol entre los sauces.

      Tu bastón señalaba el final de los sueños
      porque aquel día
      no alumbraba el Faro en la distancia.

      ¡De qué manera te nombraría el río
      para arropar tu piel, macerada de olvido,
      transparente de agua!

      Aún hay una sombra que sigue caminando
      por las colinas fértiles
      del sur de Inglaterra...



                                 Vanessa finaliza el retrato

      Resbalarías
      con una delgadez que necesita
      la gravedad de un pañuelo de roca,
      de una falda de roca
      añorando la infancia bajo el cieno.

      Crece el río en el mes de marzo,
      duda la dama de azules mejillas.
      Es el año invernal que persistió
      en la pereza del cisne del Ouse.

      Es el pasado
      mientras posas vestida con la ropa
      de nuestra madre Duckworth,
      y en el óvalo de tu rostro incluyo
      premoniciones
      de una mujer que llega al mar cantando
      después de hacerse un barco con el agua.

      Impregno el pincel de color salino
      porque el año de tu viaje sea
      la biografía de una de mis hijas
      que se asemeja a ti.

      Tú, mi contrincante, mi desviada
      luz, mi lienzo que ama frutos infieles,
      mi omega, garza
      que se niega a comer.
      Sólo se aquieta
      hablando en un idioma isabelino.


      Después no sabe hundirse cuando muere.



domingo, 26 de marzo de 2017

ANTIGUO POEMA

Anotaciones para inventar el rojo


Espeso, palpitante. Lo eligen los niños para mostrar su fuerza.

La línea que separa el negro de la madre, fermentando escondida, del blanco de la luz que nos ciega en su vuelo.


Lo que invocan los brujos cuando traen de la niebla a los héroes dormidos.



El tejido que cubre a la esposa danzante sobre el agua.



Lo que fluye del centro y rebosa sus límites y se extiende y germina y vuelve a ser el centro.



El pliegue que resume la presencia del fuego y el calor que da voz a la pasión del mundo.


viernes, 10 de marzo de 2017

Un viejo poema...

que dedico a María Luisa Mora, por su nuevo libro al que deseo que camine mucho sin cansarse.


      LO QUE TRAE EL VIENTO

      El viento está cambiando las veletas...

      Nadie quiere pensar que viene un roce de vestidos temblando al aire frío. Como pretexto dicen: no cambies de postura ni te marches ni me digas que está creciendo el fuego.

      Pero es que el viento empuja las veletas; a las siete es de día y la voracidad de los murciélagos enmudece, ¿no escuchas a los pájaros? ¿No escuchas cómo se empequeñece el miedo y tontea la hierba con su asombro de verse hermosa y verde no de muerte?

      El viento, el viento, el eolo sin forma, ese  ingrato mensaje cuando vimos la flecha de las aves escapando hacia el sur.

      El viento, el continuo marcharse, el que robaba los rubíes de agosto y ninguno lo creía y celebraban cuadrúpedos troyanos en sus lechos.

      ¿No ves que está cambiando las veletas? ¿No ves que ha regresado, que se trae dos mil niñas preciosas en la boca y deja por todas partes el olor de los corzos en celo y rompe tu absurda vigilancia de un tesoro que ya huele a podrido y ya no sabe a nada?

      Cuánto me gusta el viento moviendo las veletas y engañándote a ti, que todavía piensas que es de noche, y te has hecho mayor... ¡y no estás listo!