domingo, 30 de noviembre de 2014

Del libro FANTASMAS Y CÁLAMOS. Fantasmas en la villa (primera parte)


      *


      I


       Cuando calma el atardecer
      su mano en mi mejilla,
      y hay un instante
      donde se paraliza el bucle
      del sonido,

      viene de la bahía un viento
      que me ama
      o  reposa si me entreabre
      los labios
      y mi lengua recoge
      sus dos granos de sal.

      Hay un instante
      sin ser intrusa, sin moverme,
      sin molestar el diapasón
      de un tiempo que no es mío.

      Hay un tener mi cuerpo
      transparente.

      Vuelven los peces del estanque
      del huerto a murmurar.

      La tarde estremece su palma
      vieja,
      tan vieja en los rosales.

      *Qué mejor que  las acuarelas de Villarrubia sobre las Villas fantasmas de Pompeya



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