sábado, 15 de diciembre de 2012

catorce 14 sueltos

      Dos momentos de la seducción


      I           Has oído cantar al pájaro
      nocturno,
      hojas mojadas que ningún
      galápago de edad tranquila
      alcanza.

      Te sostienen caderas
      de delgadez, te duele
      el coletazo del dragón
      debilitado,

      pero has oído al pájaro
      que sólo escucha quien está
      consumiéndose.

      Viene del paladar del mar, 
      de peligrosos laberintos
      de columnas,
      y si tuvieras barba
      te afeitarías
      para ser una grácil
      filósofa,
      y si aún tuvieras un sexo
      moldeable
      cuánto, cuánto del agua
      para ofrecerle.

      Lo has oído a pesar
      de los avisos de los gatos.

      Su canción,
      que tantos confunden
      con el pan de oro del amor,
      enciende
      las luces de tu casa.


      II        Estás buscando en tu cintura
      la ausencia, ¿fue real su vientre
      sobre ti?

      Cantabas una música
      con algo de felicidad
      y de ignorancia.

      Buscas
      la carne tocada
      como el grito esencial del mono
      detrás de un olor, como el rizo
      en su albumen,
      come, se abre paso, desgarra
      la pielecilla de su sueño.

      Las señales
      de un pájaro carnívoro
      picoteando en tu cintura.

      No te regalaba
      el don del viento,
      no había
      regalos.



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