sábado, 18 de agosto de 2012

III RAVEL

Par escuchar: Bolero
      Bolero

      Madame Rubinstein me pide un ballet, comenta Maurice Ravel. Ella desdoblará su delgadez como una antigua cigarrera sobre la cabeza de los obreros.

      Una fábrica al fondo.

      Se levanta. Les grita: no vayáis tan rápidos pero id obstinados y ocupad las aceras. Ida Rubinstein mueve un brazo -o lo tomas-, mueve el otro -o lo dejas-, delante de la puerta de los amos, y ellos se santiguan porque danza desnuda. Golpea con un pie, luego flexiona las rodillas y sigue el ritmo sin detener su desnudez.

      Maurice Ravel le dice a Toscanini: maestro, se equivoca, esta cadencia es terca, empuja, agujerea los oídos sensibles.

      La bailarina vuela en las cabezas de los obreros y ellos detienen sus puños doloridos de tanto apretar los dientes. Ida Rubinstein no cesa. Extraña cigarrera de Sevilla se fuma a los amos, machaconamente da y da en sus ojos, les ciega con el balanceo de sus pechos y pestañea igual que una justicia sin ceguera.

      Maurice  Ravel se extraña del delirio y una música incendia las piernas de los obreros.

      No corráis, grita ella, pero insistid hasta que el aire os pertenezca.

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