domingo, 28 de abril de 2013

De libros I ( El gato sobre el árbol)

      Y la amo tanto
      que si fuera una voz
      me instruiría en la tesi-
      tura de su garganta.

      Y si fuese un licor
      me embriagaría, noche
      a noche, en sus aromas.
      Su alcohol circularía
      por mi sangre, nutriendo
      los vasos de la euforia,
      a esos hijos futuros.

      Y la amaría tanto
      que no permitiría
      un ángel en sus hombros.
      Mi sudor, mis heridas
      tronzarían sus alas.
      -Jamás un vuelo absurdo,
      ni la mirada helada,
      ni la bondad inconsciente-

      Y la amo tanto
      que si fuera mujer
      yo sería el hombre
      que profana su templo:
      Humedecer su boca
      con agua consagrada.
      Soñar el sacrilegio
      de poseer sus cálices.
      Cabalgar sobre el sacro
      vértice
      de su virginidad.

      Pues si en hombre viniera
      yo sería la esposa
      que olvida las promesas
      del tálamo:
      Enloquecer
      en sus brazos prohibidos,
      prostituir mis muslos
      en las esquinas ebrias
      hasta que él me mirara,
      me designar aun nombre,
      me invitara al abismo.

      Ay, tanto te amo
      que nunca siento el miedo
      en el poder de amarte.
      Porque, si en otras cosas
      mi amor se distrajera,
      también en esos juegos
      te seguiría amando.



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