Vivaldi: Concierto para dos violonchelos,
cuerdas y bajo continuo en sol menor (Pinchar para escuchar)
Allegro
En
esta luz las uvas suelen guardar su grano de veneno para quien llega con la sed
herida de la infancia. Bebe del zumo, siéntate conmigo al pie de la mezquita de
Yabal al–Barid, miremos cómo cambia el verde de los árboles, quedémonos vacíos,
envenenados. Entra la luz por nuestras bocas simulando aire respirado; una
palabra nuestra trae el silencio que detiene a la muerte detrás de cualquier
fiesta.
Largo
Nos
ciega. Si tuviera forma sería la paja flotando cuando el trigo se marcha. Nos
ciega tanto que el deseo por rozarte paraliza mi mano y me la palpo con la otra
mano por si ardiera. Es imposible alentarse en
la calle. Duerme ahora. La persiana está echada; la habitación juega con
franjas doradas y oscuras. Un juego de arácnidos diminutos. Un territorio
fresco de penumbra.
Allegro
¿Me
dejas que te lleve de la mano por los escaques de la calle? Correremos,
reiremos, acariciaremos las piedras violetas de los muros para volvernos
vegetales. No seremos nada, no pensaremos, no dejaremos rastros de una lágrima.
En el aire aromado vibraremos como las cuerdas de los violonchelos, y no dejaré
que me digas lo que quiero oír hasta que la
noche llegue con su suave pantera.
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