Mostrando entradas con la etiqueta Para.... Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Para.... Mostrar todas las entradas

sábado, 20 de abril de 2013

Para el silencio del distanciamiento


      V de Sempere de Vivaldi de Verano

        
      I       Allegro non molto- Allegro e tutto sopra il canto

      Mi madre llora pero el mar
      es naranja. Un sol y una luna
      desconocen el llanto
      y el tiempo larguísimo puede
      romperse,
      se precipitaría,
      y qué palabra quedaría
      entonces.

      II      Adagio e piano- Presto e forte

      Mi madre llora porque plumas
      calcificadas de su cuerpo 
      sajan y luego caen.

      Resguardo una palabra verde
      donde morir en la tormenta
      y hacerme vapor
      y no sentir ninguna lágrima.

      ¡ Cómo se va secando el agua
      de dolencia!

      Nunca te diré
      que no resisto ya no verla
      bailar.

      III     Presto

      Cede la seda desmallada
      de sus piernas,
      llora por las orugas frágiles
      y ansiosas de volar.

      Cuando yo era pequeña,
      cuando el sofoco reverbera
      sin desgastarse en su memoria,
      se cubrió una pared
      de mariposas muertas,
      una serigrafía de hambre,
      un augurio de baile
      truncado.
      Pero yo riego la palabra
      reseca; traigo al mar
      de su esquivo lecho, lo obligo
      hasta las algas,
      soy la buceadora,
      y ella, entre tanto,
      ajada sumerge sus piernas,
      acalla el llanto,

      y un dios parecido a Dionisos
      hace que la escucha, se acerca
      para verla bailar.

sábado, 13 de abril de 2013

Para el silencio de mirar IV


      Juán Sánchez Cotán



      Membrillo, repollo, melón y pepino  

      Esta luz deja sosegado
      el momento de respirar,
      de estar presente
       y permite al silencio ser
      apetecible,
      alejado
      de la vacilación.

      En tu cara,  en mi cara,
      frente al mar…

      ...una docilidad de seres
      madurados
      y jugosos,
      un espacio sencillo donde
      no hablar, suspendidos de nada
      o posados en el sigilo
      de nuestro deseo,
      lentos
      en las caricias, arrogantes
      en el abandono.

      Esta luz nuestra que nos abre
      la boca
      sólo para besarnos.

      Cuando mañana crezcan sombras,
      cuando mañana viene
      y explicarse
      y distancia.

sábado, 6 de abril de 2013

Para el silencio, ese silencio III


      Juan van der Hamen y León



      Plato de ciruelas y guindas



       I          Es el secreto, no, no lo es.
                  Una gota en mis labios como
                  antigua princesa durmiente
                  y la ponzoña me despertara,
                  abriera mis labios… sentir
                  me duele
                  embriagador.

      II         No es el secreto sino estancia:
                  quieta, iluminada tersura
                  mi piel para morderla.


      III        Herir la fruta, herirme, mírame,
                  aún no me toques, degusta
                  muy dentro en tu sexo, demora
                  rasgar la firmeza, el polvillo
                  impregnado que aviva el don
                  de la sed,
                  que vuelve insoportable el gesto
                  de la espera.


      IV        ¿Cómo se  ofrece transparente
                  la madurez y la afrutada
                  excitación
                  pareciera imposible, fuese
                  jadeo, fuese algo pequeño
                  y redondo
                  y, sin embargo, poderoso?

      V         Y fuese indecible el secreto,
                  pero se muestra.
                  Yo sé que lo ocultado está
                  presente, que lo protegido
                  es el regalo.

                  Tengo el mismo poder
                  que ese reflejo en el latón.

                  Mi apariencia perfecta dulce;
                  estar quieta, callada,
      iluminada por el ansia.

sábado, 30 de marzo de 2013

Para el silencio II ( vida detenida)


      Juan Fernández "El labrador"


      Racimos de uvas

      El dulzor me invita
      con su distancia de racimos
      dorados, luego
      hay otro dulzor  denso, a punto
      de inclinarse a la muerte.

      Quisiese  embriagarme, no hallar
      descanso
      ni reflexión
      para  salvarme del delirio
      del zumo,
      sangre,
      médula,
      benjuí,

      del bálsamo,

      y esta piel rota en mí, destila,
      vierte,

      y es que no quiero moderarme,
      quisiese oscurecer
      como las uvas dulces
      y pesadas
      y temerarias con su azúcar.

      Pronto, cualquier gesto sesgado
      se vencerá en la muerte;
      pronto, una diminuta grieta,
      una piel áspera y pasada,
      un grano duro interno enfermo
      germinando.                  

sábado, 23 de marzo de 2013

Para el silencio




      Giorgio Morandi


      Contienen

      I        ¿Se deslizará por los cuellos
      la distancia disimulada?

      Puedo equivocarme, creer
      en el signo de una respuesta.

      Puedo seguir siendo
      candidez, simplísimo gesto,
      luz en la loza,
      cuellos resididos.

      II       ¿Y si frotara la pulida
      forma de la quietud y un genio
      oriental y olvidado
      me alimentara de mudez?

      III     ¿Me disolvería en la luz
      lechosa que consigue
      envolver los volúmenes
      hasta incluirlos en la piel
      de la nada?

      IV       ¿Cómo ser sólo estar y sólo
      bulto reflejado
      y sólo nimiedad y sólo
      permanencia fugaz
      en la mirada?

      V       ¿La pesadez sería un brillo
      lunar? 
                No me hundiría
      en ávidos cráteres
      ni me trastornaría
      querer tanto abrazar
      o yo, el abrazo.

      VI       Dejar que las preguntas fuesen
      cayendo al fondo.
      ¿Quién bebería?
      ¿Quién se atrevería a indagar?

      VII    Así,
      empequeñeciendo respuestas,
      volviéndome frugal, morandi,
      silueta azul quizá, tan ocre.

      No pregunto al barro cocido,
      al cristal opaco, la mínima
      porcelana.

      No busco la razón del signo
      en los cuencos:

      cuánto, cuánto polvo

      qué habitual

      qué predecible.










sábado, 16 de marzo de 2013

Para lo secreto


      Esas vasijas*

      La tristeza se solapa en un solo espacio
      cuando el frío,
      tirita, toma un cuerpo desacostumbrado
      y se recoge en sí misma y te pareciera
      que en la loza de barro blanco
      se adivinase un aire enfermo.

      Ya no hay ni vino;
      antes de lo callado viene
      la luz ártica de tantos días de enero.

      Esta tristeza dura, alisada por dentro
      para no dejar escapar  
      gemidos. Y si Zurbarán
      no siente los dedos
      cuando pinta
      que suplique a un dios que no existe
      porque resignarse tranquiliza.

      A la tristeza siempre le duele
      hablar, maldecir y moverse
      hasta morir.


      *Naturaleza  muerta con jarra y tazas.
       Francisco de Zurbarán

sábado, 9 de marzo de 2013

Para marzo



        Flores en un vaso de cristal 
                                  
                                      De Juan de Arellano


        Pequeñas tejedoras viven
        en los narcisos. No las veo
        pero las oigo murmurar
        con el veneno.

                           ¿Cómo puedo
        dejar de mirarte?
        ¿A quién sonríes
        en ese gesto calmo (tuyo)
        que no me corresponde?

        Hilan,
        se deslizan hasta las rosas
        espesas, excesivas, curvas,
        urden
        para volverme de cristal.

        No poseo secretos, lazos
        misteriosos, ni mordeduras
        encubiertas.

        Pequeñas tejedoras unen
        mis dedos hasta la fatiga,

        viven en la flor de mis hombros,
        abren su corola, eliminan
        enigmas,
        me curvan, desprenden pétalos,
        me cazan en tus ojos.

sábado, 2 de marzo de 2013

Otra vez para moi



      Bebiendo de ese hueco
      me regalaría al narcótico,
      sería líquida y nociva,
      un secreto de los metales,
      un don de vida eterna

      cambiándome la piel
      y desdeñando
      el alimento que me llena,
      la mañana que me vacía.

      Dejaría de ser la pobre
      chica fuerte.

      Y convertida en paladeo
      del olvido que da ese trago,
      picadura, vertiente oculta,
      aljibe ansioso,

      a qué dios buscaría,
      consuelo descreído, frágil
      correspondencia del amor,
      estupidez creyente.

      Ni un signo en el futuro, sólo
      ahora:
      beber mientras te beso,

      abandonar palabras como
                                                     luna
                                                     incapaz
                                                     insatisfecho
                                                     hallazgo.

      En ese copa donde anida
      el instante,
      lucio fontana attesa.



sábado, 23 de febrero de 2013

Para D:T.


      Anunciación.
      Botticelli.  1489-90. Galería de los Uffizi

      I        La mano ciega

      Se diferencia del amor, es un murano fácil de quebrar.

      No, no como el amor, como cariátide  de amor ahí, en pie en su ruina dura, sosteniendo un techo de viento cuando ese dios,
      ¿dónde permanece ese dios?

      Es un apártate de mí
      y la mano repite gestos de rechazo – todas las manos ciegas adivinan la puntadeliciosa e hiriente de la flecha-

      Es un estar a punto siempre de quemarse, pero la mano va y se quema, es lo primero calcinado, es un pájaro aleteando en su lumbre,

      es lo primero derrotado, es una copa líquida y brillante que pareciera
      que arrasara fluyendo.

      La mano va y lo toca porque no hay otro gesto aunque se aparte.

      Y no es como el amor:

      granito  o cuarzo sin parpadeo entre las llamas.


      II      L a mano escucha

      Asentiría con cautela,  así se salvaría pero se imanta al rostro.

      No habla de los ojos azules,
      queridísimos,
      no habla de los labios carnosos con silueta precisa para besar, ni siquiera con la nariz conversa.

      Palpa
      con sus terminaciones sensitivas y descubre que una música surge de lo increíble,  que una música surge para besar desde el otro planeta…


      La mano
      hace el amor con las mejillas del mensajero... si pudiera
      ronronearía
      y si pudiera desnudarse  de velos bailaría esa lasciva danza.

      Aunque
      nadie narra cómo la mano desistió  para dejar al ángel regresar con respuestas.

      Tal vez porque no es el amor aquello que consigue su perfección de vuelo.


      III    El cuerpo acepta

      La cintura se arquea   y el muslo se antepone a la intrusión.

      Pero el miedo sostiene dos segundos su paralizante desconfianza, después cae.

      Después el miedo cae y cae la luz de la tarde
      poblada
      con juegos y lecturas, niñeces de  quien cree que el amor cimenta los días de vivir.

      Y lo que atrapa a la cintura, la desdobla de su giro y la domina de ansiedad, no se parece al amor
      ni a sus anillos
      intencionados.

      Esto carece de algún nombre;
      como el agua, toma la forma del cuerpo que lo acepta y, como lava, luego solidifica su delirio.

      Y, al no dejarse nombrar, nunca cesa en la herida que ensaliva y nunca duerme.

      Con la apariencia del amor
      penetra,
      ¿qué permanece ileso tras su encuentro?

sábado, 16 de febrero de 2013

Para A

      Circe. Moon Spiral


      La carne no tocada
      amarillea.
      Simula ser dorada mirándola de lejos,
      parece una cisura que desea cerrarse.

      Si la tocas
      te morderá en la mano;
      es una criatura de piel antigua, tiene
                                                       dientes
      de pelo de sirena
      enfurecida.

      Pero si tú la tocas y te dejas sangrar,
      y estar tranquilo mientras duele tanto tocarla
      y que se deje…

      Si la tocas
      precisamente tú,
      y a través de su mancha de silencio penetras,
      hiriéndote y entrando
      en la ranura hostil, su áspero hueco,

      ¿qué primitivo enigma
      o qué sabiduría de la carne por dentro,
      tan por dentro
      te invita?

domingo, 10 de febrero de 2013

Para mí




      Verano en el jardín

      Los santos pierden su postura
      inexpresiva, se estremecen,
      y los insectos habituales
      se van a la porosidad
      de las adelfas.

      Es verde este olvido que extiende 
      sus brazos,
      verde como un instinto,

      verde en irse callando, en verse
      de repente creyendo sólo
      en los dibujos de la sombra
      sobre rostros tostados
      por el sacrificio.

      Así, cuando paseo, siento
      algo cambiado por un gesto
      poco frugal, un roce
      codiciando.

      Y comprendo
      que mis súplicas al mármol
      sean huevos de insectos
      transparentes

      (ruegos para no despertar,
      no ser herida)

      Me muevo en la intrusión del celo,
      con los santos carnosos,
      y hay un cierto pecado
      consentido.


sábado, 2 de febrero de 2013

Uno para JC, tal vez el último


      Dos poemas del anochecer

      I        Volviendo  con la niebla con la lluvia: un resplandor. No conozco desde dónde esa mancha de luz, un lugar invisible reverberando  y hace frío
      tan fuera.

      Dentro del coche hay un silencio de estar cruzando extraños ríos estelares. Y aún diviso faros  en el enorme lomo de Los Montes.

      Para el tráfico aéreo, me dice el conductor.

      Las columnas gigantes, sombras ahora, y sus aspas, que cortarían una piedra de soledad con su filo de viento.

      Rítmicamente avisan en una luz girando, acariciando el cuerpo misterioso de la niebla…En todos los aviones  te has marchado.



      II       Alguien mira llover, está en su olvido.

      Sé, desde el inicio de la magia, que tu olvido, con tanta lluvia rebosa de su aljibe, pero si yo no me distraigo de pensarte, de haber dejado resentirme, maldecir,

      tú tendrás agua para julio, jugarás con tus perros entre los avellanos, seguirás vivo, a salvo de la sed.

      Te escribiría cartas  que comenzaran como he dejado un tesoro bajo tu casa o multiplico raíces de árboles de sombra sosegando.

      Y no preciso escribirte las cartas ni nombrarte. Que tu olvido soy yo, hasta su vértice de lluvia y el sol yendo a lo oscuro, hasta la lluvia sin cansarse, hasta el olvido, te mantengo latiendo, hago esa magia.