sábado, 9 de septiembre de 2017

DE JARDÍN AL MAR






      Cuando pisas la tierra
      del camino que lleva
      a las achiras 
      y hay mirlos que adivinan
      avizores el giro
      de la venida clara…

      … El humus nutritivo
      de los pequeños muertos
      deshechos en brebaje
      que nada dilapida…

      Descalza te preguntas
      por el pulso minúsculo
      de seres que se esconden,
      que escarban y se esconden,
      que buscan y se esconden.

      Cuando pisas la tierra
      donde todo se apresta
      a su instinto y decide,
      breve, seguir viviendo…

domingo, 3 de septiembre de 2017

De ENTRA EL VIENTO DE OLOR CIRUELA

      Matisse



      El silencio habitado de las casas


      Ha estado la mañana
      excitada con las ansias de los vencejos.

      El cielo era la parte oculta de una enorme
      concha: su molusco latía, tantos pájaros
      picando en la madreperla para una fiesta.

      Ha estado el árbol intentando parecerse
      a la nube
      o parecerse al ábrego que hurta cinabrio
      del bochorno,

      el árbol hablador
      cerca de la ventana,
      persiguiendo a las muchachas casi desnudas.

      Y una tortuga ha caminado sobre el borde
      de la omisión;
      no se dejó atrapar por la celeridad
      en los adioses.

      Ese día mantuvo
      una  tupida consistencia  de cariño:

      aún puedo tocar sus paredes y verme
      sin rostro, verte a ti sin rostro, dos siluetas
      en la felicidad de algo que no se dicen
      pero está ahí, calmado
      y cómplice,

      dos figuras apenas precisadas dando
      un sentido a la sangre,
      un motivo para existir a la existencia,


      tú y yo, leyendo, o cualquier cosa…Murmuramos
      bajito, me adivinas qué pienso, te observo
      reír...¡Cómo me envidian
      los hijos de los pájaros!


domingo, 20 de agosto de 2017

De SALIR DE UN HOPPER





      SOL MATINAL

      Estuvo pelando huevos de codorniz,
      muchísimos, tantos como un nido olvidado
      de reptil arqueológico.
      Puso flores, las margaritas de las hadas.
      Comentó después, en la cena, que la noche
      carecería de eternidad sin ellas.

      Luego besó, limpió, durmió, quiso no abrir
       los ojos, no estar en este mundo o decirse
      tengo un buen amante, porque no soportaba
      el peso,
      su fruta más que madura, su redondez,
      la certeza,
      la consciencia del peso.

      Y cuando la luz le dio en la cara, la luz
      primera del verano, supo
      que se había quedado dentro de la noche,
      un huesecillo más con huesecillos mágicos
      de aire coagulado.

      Se irguió de estar tumbada y quieta, se sentó
      frente al sol. No la quemaba.







domingo, 13 de agosto de 2017

De FANTASMAS Y CÁLAMOS






      La barca




      Para el día siguiente de las vírgenes
      de agosto,
      como si nada hubiera sucedido
      en el desierto, en la brea de asfalto,
      mi cálamo dibuja
      su lentitud de río antes de lluvias
      que recobren el furor de fluir,
      y me balanceo en esta posada
      vestidura estival;
      apenas la intención de un movimiento
      me lleva,
      una atenuante
      caligrafía de agua se sucede
      y ni la rana ni el abejaruco
      -llamarada turquesa
      velocísima-
      se molestan
      en aquietar su absorto griterío.

      Como si nada hubiera sucedido,
      como si se durmiera mi barquero
      y la muerte callara en la calina,
      y tuviera la muerte
      una rara pereza
      y no moviera
      un dedo
      y no se estremeciera.


sábado, 29 de julio de 2017

DE LA MÚSICA DEL FUEGO




Tajt-i-Sulayman

Levanto con la punta del zapato vidriados azulejos de tristeza
no para sonreír en la renuncia
de las santas,
desde la soltería
de las mariposas o desde el pozo
que recoge
monedas.

He tendido un cuerpo disciplinado en la torre del ritual del silencio,
ese cuerpo
que cruzaba sus brazos sobre el pecho y se balanceaba con el tambor
de la privación,
de la biografía que conocen los buitres al desgarrar los costillares
del recuerdo.

Qué grito he dado cuando reconozco que mi altura es la altitud de la lengua
del fuego,
que cuando muevo mi tobillo alzando tantos adornos tristes y bonitos
como vidrios
aflora el agua y se desborda un lago donde sólo mirarse es encontrar
un cuerpo que te besa, un nuevo cuerpo
mío
que te besa...
cuando el fuego estimula algo sagrado
que estaba adormecido,
cuando el agua no suaviza tu boca, no se opone a la llama que te invita
a la muerte
apasionada.

Qué grito en filo, mineral, qué golpe que recorre las torres del silencio
triturando
los cráneos de la culpa, el podrido tuétano, la pestilencia untuosa
de la culpa.

Qué grito al verme erguida, llameante
en el agua.

Hay un bosque sin tregua en este lago, una hoguera fragante que pronuncia.

Y te alcanza.

sábado, 22 de julio de 2017

De ENTRA EL VIENTO DE OLOR CIRUELA






    Los pájaros

    Las palomas de Matisse ignoran la madrugada.

    Pero otros pájaros afilados cruzan la puerta
    del puente, pasan rasantes por debajo del arco,
    sobre mi cabeza, me desafían a seguirlos
    en la cacería, en la revuelta, para esquivar
    a la zorra camuflada que luego será fuego
    desengañador.

    Es el momento de todas mis cuerdas afinándose,
    el intervalo de vuelo que separa carencias
    del súbito placer sólo por volar, sólo viento
    animal, carnívoro con alas, viento en verano.


    Sí, es el momento de cautivar a las palomas.


sábado, 1 de julio de 2017

De CIELOS DE TOLEDO


      Fotografía de Ricardo Martín


      Aunque la suerte, ciega, entregue
      el don de la fertilidad
      donde crecían los helechos

      espero que no se resigne
      el árbol a ser abatido.

      Que le crezcan dientes de flor,
      que no toda su mansedumbre
      sea cristiana, que parezca
      el antiguo padre Yggdrasil:

      el árbol del mundo

      de la serpiente

      y de la lluvia.