sábado, 23 de julio de 2016

POEMAS SUELTOS IV


      Acuarelas de J. A. G. Villarrubia


      Retratos de Al-Fayum


      Matrona con diadema

      El llanto es tanto cuando
      la despedida de vivir
      que los ojos crecen y acogen
      el humo y aunque ella, la muerte,
      acaezca de pronto
      -un derrumbe de avión,
      resbalarse en el baño-
      ya hay esa pena y esa rabia
      en el llanto primero
      después de haber nacido,
      mirando con ceguera
      a la madre
      y respirando
      dolorosamente.

      Mujer bella y joven

      …Y la manzana verde
      de sus labios
      no tiene tiempo
      para probar dulzuras.
      Se está yendo y, apenas,
      comprobará
      los fuegos invernales.
      Se está yendo con joyas 
      todavía de niña,
      casi juego, amuletos.
      Se va apenas estando,
      ahora ya se ha ido.

      Hombre con barba, hombre con gesto

      No parpadean.
      Los muertos nunca parpadean.
      No hacen otra cosa
      que observar.
      Abandonadas muchas lágrimas,
      recién casado y cuidando
      la barba con esmero,
      ve a su joven esposa
      caminar,
      desvestirse del luto
      y elegir otra boda.
      -Sabemos
      que muere quien se muere
      desde dentro hacia fuera;
      entre tanto, lo ajeno roba
      la íntima sustancia
      que late bajo el nombre-.

      Los dos no se han cansado,
      no son vivos ni muertos
      ni máscaras ni olvido.
      Y nunca parpadean
      mirando nuestra nada.


sábado, 16 de julio de 2016

Poemas sueltos III

Acuarela de J.A. Villarrubia  representando una cabeza griega de Hypnos. C. 350 A.C.

        Hypnos 

        Pregúntate qué soñarán los muertos. Después entra en la noche*, abandona los gestos diurnos del ansia o la tristeza, la duda vigilante. Relaja el tendón del miedo y observa a los pobladores de tu alcoba, escúchales hablar de las amapolas, sumérgete en el río bajo tu casa cuando el olvido es el único bálsamo para tu hueco doloroso. Entra en la noche y túmbate. Lo que los muertos sueñan pertenece al hambre inenarrable. Quizá descansan, por fin, del apetito. Y eres tú, cuando en la fase rem caminas sobre el agua y vuelas a la vez, quien dice o casi grita: yo sueño por vosotros. Después, con sobresalto te despiertas.

*Sobre un verso de Dylan Thomas

domingo, 10 de julio de 2016

Poemas sueltos II

      De Caravaggio. 1595


      Apolo tocando el laúd

      Si  por la luz me reflejara
      en el vidrio
      y, en el vidrio, las margaritas,
      o me confundiera
      con la música
      o con las margaritas
      y te mirase sin inocencia.

      Si me reflejara
      y tú, al mirarme, equivocaras
      la luz con esta música
      o conmigo
      y me perdiese
      o el silencio cubriera heridas
      del sexo,

      sólo ciegos los dos,
      sólo tan ciegos.

domingo, 3 de julio de 2016

Poemas sueltos I

      Juan van der Hamen y León. Museo del Prado


      Plato de ciruelas y guindas

      I        Es el secreto, no, no lo es.
               Una gota en mis labios como
               antigua princesa durmiente
               y la ponzoña me despertara,
               abriera mis labios, sentir
               me duele
               embriagador.

      II      Herir la fruta, herirme, mírame,
               aún no me toques, degusta
               muy dentro en tu sexo, demora
               rasgar la firmeza, el polvillo
               impregnado que aviva el don
               de la sed,
               que vuelve insoportable el gesto
               de la espera.

      III     ¿Cómo se  ofrece transparente
               la madurez y la afrutada
               excitación
               pareciera imposible, fuese
               jadeo, fuese algo pequeño
               y redondo
               y, sin embargo, poderoso?

      IV      Y fuese indecible el secreto,
               pero se muestra.

               Yo sé que lo ocultado está
               presente, que lo protegido
               es el regalo.

               Tengo el mismo poder
               que ese reflejo en el latón.

               Mi apariencia perfecta, dulce;
               estar quieta, callada,
      iluminada por el ansia.


sábado, 25 de junio de 2016

Del libro SI ELLA NOS MIRA



      VIDA DETENIDA EN MARÍA BLANCHARD


      Los objetos escuchan:
      un sentido preciso, fina
      percepción de las vibraciones,
      incluso de un temblor,
      cayendo
      una pestaña.

      Qué atención ponen al chasquido
      en la soledad
      de alguien que está sentado y cierra
      sus ojos, deja de moverse,
      suplica desaparecer.

      Qué preferencia dan al lento
      cachemir del polvo bajando
      hasta un brazo que se desvive
      por abrazar.

      Distinguen la mella en un ángulo
      del silencio,
      reconocen la ondulación
      de un aire respirado y cálido.

      Están ahí, nos oyen
      y componen una inminencia
      para respondernos,
      para contemplarnos.

      No sólo cubistas se agrupan
      porque se estimulan, se niegan
      a la desgana.
      No sólo son cronología.

      Al caer la pestaña
      un raro gozo
      fosforece en sus pieles.

domingo, 19 de junio de 2016

De EL GATO SOBRE EL ÁRBOL


      TRES FIGURAS: ROSA Y GRIS

      (McNeill Whistler)

      Las tres muchachas rosa,
      que siembran el almendro en la maceta lenta
      perpetuando la efímera florescencia de marzo,
      que inclinan la sombrilla de espontáneo arco iris
      -acaso como un lujo en la luz tamizada-,
      giran sus miembros, tules, con actitud cansada,
      tienen la expresión triste de algo que ya no es tiempo...

      Es cansado vivir en el casual instante
      de la mirada ajena.

sábado, 11 de junio de 2016

De ENTRA UN VIENTO DE OLOR CIRUELA...

      H. Matisse


      La habitación roja


      Extraña
      al pasaje del equinoccio
      en los almendros, a la curva
      de la mañana en las paredes,

      distanciada,
      arropada con el tejido
      denso del secreto de flores
      bajando para contener
      el frutero, la nitidez.

      Me pierdo en la forma
      de las ciruelas amarillas
      rodando en la mesa.

      (Un don encarnado ilumina
      internamente el equilibrio)

      Y soy yo,
      bisbiseando a los licores,
      repartiendo calma a las frutas,
      quien aleja voraces dientes
      de este día… nada
      se precipita al fin del gusto,
      nada abatido de las sillas
      de enea.

      Sentaos en la luz, les digo
      a los fantasmas.